Cada mañana, Mario Ojeda sale de la casa de su familia rumbo a su trabajo. Por las noches, asiste a sus clases en la Florida International University (FIU), donde cursa una maestría en periodismo.
Como muchos jóvenes en el sur de la Florida, Ojeda ha optado por quedarse en casa de su familia para poder terminar sus estudios sin asumir un costo de vivienda que considera incosteable.
“Si tuviera que pagar renta aquí, probablemente tendría que trabajar muchas más horas y eso retrasaría mi graduación,” explica Ojeda.
En Miami, donde el costo de la vivienda continúa en aumento, vivir con la familia no es una elección, sino una necesidad para muchos estudiantes universitarios.
El aumento sostenido de los alquileres en Florida, especialmente en el área metropolitana de Miami, está transformando las decisiones residenciales de miles de estudiantes tanto dentro como fuera del estado, incluyendo también a los estudiantes internacionales.
Con rentas que en muchos casos superan los $2,000 mensuales y salarios que a menudo se acercan al mínimo estatal, la posibilidad de vivir cerca del campus se ha convertido en un desafío financiero cada vez mayor.
Datos de la U.S. Census Bureau muestran que entre 2019 y 2024 la renta mediana en el condado de Miami-Dade aumentó más de un 45%, pasando de $1,408 a $2,050 mensuales. El incremento no se limita al sur del estado. Condados universitarios como Orange, Alachua y Leon también registraron aumentos superiores al 37% durante el mismo periodo.
Sin embargo, las diferencias regionales siguen siendo notables. Mientras en ciudades universitarias como Gainesville o Tallahassee las rentas medianas se mantienen por debajo de los $1,400 mensuales, el sur de la Florida continúa posicionándose entre los mercados más costosos del estado, lo que coloca a sus universidades en desventaja frente a otras regiones.
Datos recientes del mercado inmobiliario, basados en estimaciones de Zillow Rentals, refuerzan esta tendencia. En 2026, el alquiler promedio en Miami se sitúa entre los $1,978 y $3100 mensuales, mientras que en ciudades universitarias como Tallahassee ronda los $1,545.
Para un estudiante que depende de ingresos cercanos al salario mínimo estatal, que en 2026 alcanza los $14 por hora, según datos de FRED (Federal Reserve Economic Data), cubrir esos costos implicaría trabajar muy por encima de una jornada completa, algo que resulta incompatible con la vida académica de la mayoría de los estudiantes.
Jazmine Santillana, graduada del programa de maestría en periodismo de FIU, señala que muchos estudiantes dependen de trabajos dentro del campus que ofrecen ingresos limitados.
“Aquí en el campus los trabajos pagan entre $12 y $15 por hora y sólo puedes trabajar unas 20 horas a la semana, así que nadie está ganando mucho dinero,” explicó Santillana.
Ante este escenario, los estudiantes universitarios en Florida están recurriendo a distintas estrategias para poder sostener sus estudios, entre ellas vivir dentro del campus, compartir apartamentos fuera de la universidad o permanecer en el hogar familiar.
Vivir en el campus: conveniencia frente al costo
Para algunos estudiantes, vivir dentro del campus representa una forma de organizar mejor su tiempo académico, aun cuando el costo pueda ser elevado.
Mia Florian, estudiante de FIU, explica que residir en la universidad le permite evitar el tráfico y mantener una rutina académica más estable.
“Yo decidí vivir en el campus porque se me hace mas facil llegar a mis clases, ir a mis meetings y a todas las organizaciones. Vivir en Broward, y manejar aquí todas las mañanas y todas las tardes con el tráfico pesado, sería un dolor de cabeza y me quitaría mucho de mi tiempo personal donde yo podría estar descansando para estudiar y hacer tareas,” señaló Florian.
El condado de Broward queda aproximadamente a una hora de Miami-Dade, una distancia que según Florian, hace que la conveniencia justifique el costo adicional.
Una percepción similar comparte Monserrat Escobar, estudiante internacional en FIU. Para ella, el acceso inmediato a las instalaciones universitarias y a las actividades del campus compensa el hecho de compartir espacios comunes.
“Decidí vivir en campus porque es algo muy accesible, también como tanto el costo, como las distancias. Ya sabemos que Miami es una ciudad muy grande y también los costos de las rentas son muy altas,” comentó Escobar.
Jazmine Santillana también recuerda que, cuando llegó a Miami desde Fort Myers, las residencias universitarias eran una de las pocas opciones económicamente viables.
“Para mí pagar un cuarto en el housing era mejor que pagar $1,800 por un apartamento sola cuando todavía no tenía trabajo,” explicó Santillana.
Durante su etapa como estudiante, compartió un apartamento de cuatro habitaciones dentro del campus y pagaba alrededor de $900 mensuales por su cuarto, con servicios incluidos.
Además de quienes viven en las residencias universitarias algunos estudiantes trabajan dentro del sistema de vivienda como resident assistant (RA), supervisando la vida en los dormitorios y brindando apoyo a otros residentes. .
Dior Crooks, estudiante de arquitectura en FIU y “resident assistant,” explica que su rol consiste en orientar a los residentes y conectarlos con recursos disponibles.
“Si tienen preguntas sobre vivienda, si necesitan recursos o cualquier tipo de apoyo, yo puedo servir como intermediario para ayudar a resolver sus problemas,” añadió Crooks.
También asegura que la demanda por vivir en el campus ha aumentado en los últimos años.
“La lista de espera es muy larga. Hay estudiantes que dicen que están casi al final esperando que se libere un espacio en las residencias,” agregó también Crooks.
Florida International University cuenta con más de 54,000 estudiantes matriculados, pero solo una fracción puede acceder a vivienda dentro del campus. Actualmente, la universidad enfrenta un déficit de más de 2,500 camas en sus residencias estudiantiles.
Al mismo tiempo, los costos de alojamiento dentro del campus han aumentado aproximadamente un 6% entre los años académicos 2025–2026 y 2026–2027, según datos institucionales.
Según Andrew Naylor, director de vivienda estudiantil de FIU, el incremento del costo de vida en Miami, el crecimiento de estudiantes provenientes de otras ciudades dentro del estado y el posicionamiento de FIU como una institución de mayor reconocimiento académico, han impulsado la demanda por vivienda dentro del campus universitario.
“We just had completed a demand study that showed that we were at a deficit of 2,500 beds on campus.”
Traducción:
“Completamos un estudio de demanda que mostró que tenemos un déficit de aproximadamente 2,500 camas en el campus,” señaló Naylor.
Para responder a esta necesidad, la universidad planea la construcción de un nuevo edificio residencial con aproximadamente 1,200 camas, cuya apertura está prevista para 2028.
“It will be 17 stories high, tallest building on campus, and like I mentioned earlier, have 1,174 beds, and this is going to be the tallest one.”
Traducción:
“El edificio tendrá 17 pisos, será el más alto del campus y contará con aproximadamente 1,174 camas,” explicó Naylor.
Sin embargo, Naylor advierte que esta expansión solo aliviará parcialmente la demanda actual.
Apartamentos Universitarios fuera del campus
Ante la limitada disponibilidad de vivienda dentro del campus, muchos estudiantes recurren a complejos privados ubicados cerca de la universidad.
Candela Maceda, estudiante de periodismo en FIU, decidió mudarse junto a su pareja a un complejo fuera del campus tras no encontrar disponibilidad en las residencias del campus.
“Queríamos vivir en FIU, pero debido a que no tenían apartamentos disponibles, nos tuvimos que mudar fuera de la universidad y Terrazul era un edificio que estaba recién inaugurado y que tenía los mejores precios del lugar,” señaló Maceda
Maceda y su pareja pagaban alrededor de $1,500 mensuales el primer año, pero al renovar el contrato, la renta subió a 1,800 debido a incrementos y cargos adicionales.
“A medida que pasa el año, como que empiezan a salir pagos extras, lo del pago de la basura, otro pago porque teníamos como un pedazo extra de apartamento que le agregas $100 más y ahora mismo quieren aumentarnos como $1,800,” explicó también Maceda.
La experiencia de Maceda no es la única. Otros estudiantes han tenido que evaluar cuidadosamente sus opciones de vivienda frente al aumento de los precios.
Mardelys Luna, por ejemplo, buscaba mayor privacidad y prefería no compartir espacio con otros estudiantes, a pesar de que vivir en residencias universitarias compartidas suele ser más económico.
Al comparar opciones, encontró que un estudio privado dentro del campus de FIU podía costar cerca de $2,000 mensuales, mientras que uno similar fuera del campus rondaba los $1,800.
“Entonces, tomando eso en consideración, o sea, quizás los 200 dólares, no es mucho, pero me puede ayudar para una compra, para algún tipo de bill que tenga que pagar, comida, si tengo que pagar gasolina o tengo que pagar seguro del vehículo, siempre funciona para algo,” explicó Luna.
A pesar de estar satisfecha con la comodidad de vivir sola y haber acondicionado su espacio a su gusto, Luna señala que su experiencia en el complejo fuera del campus no ha sido del todo positiva.
“La gente vive quitándote el parqueo, aunque tú pagues por tu parqueo para reservar tu propio espacio,” señaló también Luna. .
En ciudades fuera del sur de Florida, las dinámicas pueden ser distintas.
Nicolas Giliberti, estudiante de ingeniería en la University of Central Florida (UCF), explica que mudarse fuera del campus le permite tener más privacidad.
“Bueno, ahora tengo cocina, está mucho mejor que tener que comprar comida todo el tiempo. También me gusta tener mi propio cuarto, propio baño,” dijo Giliberti.
Giliberti pagaba $800 mensuales viviendo dentro del campus de su universidad, pero al mudarse fuera del campus en la ciudad de Orlando ahora paga aproximadamente $830 por un espacio más privado.
Estas diferencias reflejan cómo el mercado inmobiliario del sur de Florida ejerce una presión mucho mayor sobre los estudiantes universitarios en comparación con otras ciudades académicas del estado.
Más allá de las experiencias de los estudiantes, desarrolladores privados que construyen vivienda estudiantil fuera del campus universitario señalan que los altos costos responden a factores estructurales del mercado.
Según Brian Pearl, cofundador de Global City Development, empresa que ha desarrollado complejos como The One University o Lápis cerca de FIU, el principal desafío es el costo del terreno y la construcción en Miami, especialmente después de la pandemia.
“Unfortunately, it’s hard to find land that is not expensive.. There’s a lot of land that’s pretty expensive. And also construction costs are very high. So the difficulty of creating new student housing, even though I’m sure there’s demand for it, It’s the costs involved in building it and that it’s hard to charge lower rents”.
“Es difícil encontrar terrenos que no sean costosos, y además los costos de construcción son muy altos. Esto hace que desarrollar nueva vivienda estudiantil sea complicado, incluso cuando hay demanda, porque resulta difícil ofrecer rentas más bajas,” explicó Pearl.
Aunque reconoce que existe una fuerte demanda de vivienda estudiantil, señala que los precios deben permitir recuperar la inversión. También advirtió que la construcción de nuevos proyectos no necesariamente reducirá los precios de la vivienda.
“I think it will prevent it from going higher. I don’t think it’s going to lower the rents, but because the new buildings will have even higher costs, because of inflation”
“La nueva oferta puede ayudar a que las rentas no sigan subiendo tan rápido, pero no las va a bajar, porque los nuevos proyectos tienen costos aún más altos debido a la inflación,” añadió también Pearl.
Por su parte, Andrew Naylor señaló también que la universidad FIU también ha tenido que ajustar sus tarifas tras 10 años sin aumentos, debido al impacto de la pandemia en los costos operativos.
“So for 10 years, we didn’t do any rate increases, which was a nice place to be. Glad we could do it. But after the pandemic, our costs to do repairs on the buildings, to even get the trash taken out, all started increasing dramatically. And for us to maintain the housing that students expect to have, we needed to increase rates.”
Traduccion:
“Durante diez años no hicimos aumentos en las tarifas, pero después de la pandemia, los costos de mantenimiento, reparaciones e incluso servicios básicos comenzaron a incrementarse significativamente. Para poder mantener la calidad de la vivienda, tuvimos que ajustar los precios,” explicó Naylor.
Permanecer en casa: una estrategia económica
Ante el aumento de los precios de vivienda y la limitada disponibilidad de residencias universitarias, para muchos estudiantes la opción más viable sigue siendo permanecer en el hogar familiar, incluso cuando su intención inicial es independizarse.
Katelynn, estudiante de FIU, vive con sus padres en Plantation, a aproximadamente una hora del campus, lo que implica largos gastos en gasolina y mantenimiento del vehículo. Sin embargo, considera que no pagar renta le permite concentrarse en sus estudios.
“Tengo compañeros que deben trabajar incluso dos empleos para poder costear una vivienda cercana a la universidad,” añadió Katelyn.
Desde su perspectiva, la combinación de salarios bajos en empleos locales y altos precios de renta hace que independizarse resulte difícil para muchos estudiantes universitarios.
Por otro lado, Mario Ojeda también señala que permanecer en casa de su familia le ha permitido aprovechar las oportunidades que ofrece la universidad.
“No pagar renta me ha permitido concentrarme en mis estudios y aprovechar oportunidades como pasantías y otras actividades académicas.” explicó Ojeda.
Las experiencias de estos estudiantes reflejan una realidad más amplia. En todo el estado de Florida, el aumento sostenido de los precios de la vivienda está cambiando la forma en que los universitarios deciden dónde estudiar, dónde vivir, cómo financiar sus estudios, cuánto tiempo deben dedicar al trabajo para poder mantenerse o, de plano, no estudiar una carrera universitaria. En términos de costos, el sur de la Florida se está quedando atrás como opción asequible.
Desde el inicio de la pandemia en 2020, datos de Florida International University muestran una tendencia clara en los estudiantes de primer ingreso (First-Time in College, FTIC): aunque el número de estudiantes admitidos ha aumentado de manera significativa, la cantidad de estudiantes que finalmente se matriculan ha crecido a un ritmo mucho más lento, e incluso comienza a estancarse en los años más recientes.
| FIU – Admisiones | |||
| Año Academico | FTIC Admitidos | FTIC Inscritos | % |
| 2020-2021 | 11,643 | 4,514 | 38.8% |
| 2021-2022 | 12,154 | 4,916 | 40.4% |
| 2022-2023 | 12,735 | 5,303 | 41.6% |
| 2023-2024 | 16,982 | 6,145 | 36.2% |
| 2024-2025 | 20,082 | 6,014 | 29.9% |
La brecha entre los estudiantes de primer ingreso admitidos y los que finalmente se matriculan se ha ampliado con el tiempo. Mientras las admisiones aumentaron de 11,643 en 2020-2021 a más de 20,000 en 2024-2025, la cifra de estudiantes matriculados apenas superó los 6,000 lo que refleja una caída notable en la tasa de matriculación.
Esta tendencia apunta a que factores externos, como el alto costo de vida en el sur de la Florida, están influyendo en la decisión de muchos estudiantes de no inscribirse o posponer sus estudios universitarios.
Autoridades locales como la alcaldesa de Miami-Dade, Daniella Levine Cava, reconocen la magnitud del problema.
“En el condado de Miami-Dade tenemos dos problemas inmediatos bastante graves. Primero, la asequibilidad. El costo de vida, especialmente la vivienda, está aumentando tanto que es una advertencia. Hemos construido miles de propiedades y miles más están en camino, pero eso no ha sido suficiente para estabilizar los precios,” señaló
Raquel Regalado, comisionada del Distrito 7 de Miami-Dade, explicó también que actualmente se están desarrollando proyectos de uso mixto que incluyen viviendas destinadas a personas de diferentes edades con distintos niveles de ingreso.
“Yo estoy haciendo uno bastante grande en lo que es el área de Coconut Grove. Yo tengo tres proyectos en este momento estamos derrumbando edificios antiguos y creando lo que se llama mixed use, donde vamos a tener edificios que tienen vivienda para las personas que ganan menos de 40% de lo que es el AMI (American Median Income o ingreso promedio del estadounidense), 80, 90 y hasta workforce,” señaló Regalado.
También indicó que se están impulsando modelos de vivienda compartida dirigidos a estudiantes, como el proyecto realizado en 2021 ubicado en South Miami, que busca ofrecer alquileres más accesibles.
“El único student housing que existe en el condado Miami-Dade, está en mi distrito en South Miami, se llama Vox Miami, y es algo que queremos traer a otras partes del condado y es donde los estudiantes pueden vivir compartiendo lo que es un lugar común, pero a una renta que ellos pueden pagar, ¿no? Porque ese es el problema cuando hablamos de workforce, estamos hablando de una renta de más de 2,000 dólares al mes y muchos estudiantes simplemente no lo pueden pagar,” añadió.
El comisionado Anthony Rodríguez señaló que, aunque existen múltiples iniciativas en desarrollo, la demanda de vivienda asequible continúa superando la oferta disponible.
“A nivel del condado tenemos varios proyectos en desarrollo, en colaboración con el sector privado. Se están utilizando programas de financiamiento público para poder ofrecer vivienda asequible. Sin embargo, la demanda sigue siendo mucho mayor que la oferta disponible, y ese es el reto que seguimos enfrentando” señaló Rodriguez.
Aunque estas iniciativas buscan ampliar el acceso a vivienda más asequible, los altos costos del mercado continúan representando un desafío para muchos estudiantes universitarios en el sur de Florida.
En la práctica, la demanda sigue superando la oferta disponible, lo que limita el impacto de estos proyectos frente al incremento sostenido de las rentas, que ubica a Miami como un sitio menos atractivo para el estudiante universitario.



























