Puerto Morelos, Quintana Roo, México. – Cada mañana, la pequeña embarcación “Lucero” permanece anclada, flotando sola en un muelle semidesierto de Cancún. Nadie pregunta por ella. Nadie la aborda. Los días de excursiones al arrecife, de turistas emocionados por conocer el Caribe mexicano desde el mar, han quedado atrás. Lo que alguna vez fue un negocio prometedor hoy se ha convertido en un símbolo silencioso de una crisis ambiental que crece año tras año: la llegada masiva del sargazo.
La Secretaría de Marina (Semar) de México anunció en el mes de Julio 2025 que superó los récords históricos de recolección de sargazo en las costas del Caribe. Desde 2019, la cifra acumulada alcanza las 290.000 toneladas solo en las costas de Quintana Roo, un volumen sin precedente que pone de manifiesto la magnitud del fenómeno que afecta gravemente a la región, donde la caída del turismo comienza a generar efectos económicos alarmantes.

El capitán de Lucero, Juan Hernández, mexicano de cincuenta y nueve años, pasa sus días sentado en el borde del muelle, observando su embarcación como si esperara un milagro.
“Antes hacía tres o cuatro paseos diarios”, dice con nostalgia. “Ahora, con suerte, uno a la semana… si es que alguien se atreve a meterse al agua.”
La razón salta a la vista —o mejor dicho, al olfato—: una gruesa capa de sargazo cubre la costa, despidiendo un olor fétido a descomposición.
Este fenómeno, que afecta gravemente a todo el estado de Quintana Roo, desde hace más de una década, se ha intensificado en los últimos años debido a factores como el cambio climático, el aumento de nutrientes en el océano provenientes de fertilizantes agrícolas y aguas residuales, así como el alza de temperaturas en el Atlántico.
En el mencionado estado de Quintana Roo, dentro de la península de Yucatán, se encuentran playas de fama mundial las cuales visitamos en nuestro recorrido, entre ellas: Cancún, Puerto Morelos, Tulum y Playa del Carmen; todas estas siendo afectadas por esta gran amenaza natural.
Pero más allá del impacto turístico y visual, el sargazo representa una amenaza directa al ecosistema marino y a la economía local. Nuestros entrevistados expresaron contundentemente que “si el problema persiste, tendrán que elegir otros destinos para vacacionar junto a sus familias”.
Un problema ambiental flotante
El sargazo no es un alga invasora ni una especie exótica. De hecho, forma parte de los ecosistemas marinos del Atlántico. Sin embargo, su proliferación descontrolada —favorecida por la actividad humana— ha transformado lo que antes era una presencia natural en un problema de escala regional.
Investigaciones del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (UNAM) indican que las acumulaciones masivas de sargazo bloquean la luz solar que necesita el pasto marino para sobrevivir, alteran el equilibrio de oxígeno en el agua, y asfixian corales y fauna marina cuando se depositan en grandes cantidades.
Al llegar a la costa y descomponerse, las algas emiten gases como el sulfuro de hidrógeno, generando un olor desagradable que ahuyenta a los turistas y puede causar irritaciones respiratorias y de la piel en personas sensibles.
Consultamos en entrevista a la Dra. Ligia Collado-Vides de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), marina botánica que ha dedicado su carrera a estudiar este fenómeno en el Caribe Mexicano y nos explica que “el sargazo es un género que tiene más de 350 especies y solo son dos especies las que están formando este crecimiento masivo”.
¿Por qué ahora es diferente?, “porque tenemos un nuevo mar de sargazo que se llama el Great Atlantic, cerca del cinturón de sargazo que crece entre África y Brasil, y sigue con las corrientes que vienen de la zona ecuatorial hacia el Caribe, en el Caribe funciona como un colador y ahí va quedando todo lo que queda sotavento y son los primeros receptores”.
¿Por qué tenemos un problema mucho más grande?, “Este es un problema planetario, tenemos mayor temperatura, tenemos mucho más carbono en el agua y los que estamos estudiando los impactos de nutrientes, estamos tratando de entender qué sucede y los cambios de clima que generan”.
Turismo en retroceso
El sector turístico —motor económico del Caribe mexicano— es uno de los más golpeados. Hoteles, restaurantes, operadores de tours y pequeñas embarcaciones como la de Juan, enfrentan cancelaciones constantes. Los visitantes, al no encontrar las aguas cristalinas prometidas en los folletos, buscan otros destinos.
“El año pasado tuve que vender una de mis barcas para sobrevivir”, confiesa Juan. “Este año, si no mejora, tendré que vender esta también.”
Muchos prestadores de servicios turísticos han optado por invertir en redes anti sargazo y barreras flotantes, mientras que otros promueven recorridos en zonas menos afectadas o tours ecológicos enfocados en la conservación del medio ambiente. Sin embargo, la lucha es desigual.
¿Qué se está haciendo?
Diversos sectores han propuesto soluciones que van desde la recolección mecánica en altamar hasta la transformación del sargazo en biocombustible, materia útil, papel, en alimento siguiendo estrictas normas, o en materiales de construcción.
No obstante, según la Dra. Francisca Elmer, alemana residente de México opina que “la falta de una estrategia nacional integral y la limitada coordinación entre niveles de gobierno, empresas y comunidad científica dificultan la implementación de medidas eficaces”.
Según la Dra. Elmer El sargazo llegó para quedarse, al menos mientras no se ataquen las causas de raíz: la contaminación marina y el calentamiento global.
“Podemos mitigar sus efectos, pero necesitamos voluntad política y conciencia social”.
Mientras tanto, Juan no se rinde del todo.
“Yo sigo viniendo cada día, porque tengo la esperanza de que el mar se va a recuperar. Pero también sé que eso no pasará solo. Necesitamos cuidar lo que nos queda”; dice el amante del mar con mucha emoción.





























