Hace casi cuatro décadas, en noviembre de 1985, la toma y retoma del Palacio de Justicia en Bogotá dejó alrededor de un centenar de muertos y desaparecidos, convirtiéndose en uno de los episodios más trágicos y dolorosos en la historia de Colombia. Entre las víctimas se encontraba el magistrado auxiliar del Consejo de Estado Carlos Horacio Urán Rojas. Durante más de veinte años, las autoridades sostuvieron que el magistrado había muerto en el fuego cruzado dentro del edificio. Sin embargo, en 2007, el hallazgo de su billetera y su cédula escondidas en una guarnición militar, y un video de una reporta mostrando cómo salía del edificio, tras la retoma, reveló que el juez quedó bajo custodia del Ejército antes de ser torturado y ejecutado.
Tres de las hijas del magistrado, Xiomara, Mairée y Helena Urán Bidegain, demandaron al coronel retirado del Ejército Colombiano Luis Alfonso Plazas Vega al amparo de la Ley de Protección de Víctimas de Tortura de 1991 (TVPA). Lo acusan de responsabilidad personal por estar al cargo del operativo militar que, según alegan, identificó, retuvo, torturó y ejecutó a su padre.
Tras siete intensas jornadas de testimonios, peritajes forenses y reconstrucciones digitales, los abogados de la acusación y de la defensa pronuncian hoy sus alegatos finales (closing arguments) ante el juez federal Rodolfo A. Ruiz II.
La labor de la Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Miami ha permitido registrar paso a paso los testimonios y los cruces entre los protagonistas, que es ahora presentado por sus pilares temáticos.
El choque de estrategias: Los abogados fijan las posiciones de mando
Los abogados de las demandantes abrieron el juicio acusando a Plazas Vega de liderar un engranaje militar que identificó, interrogó, torturó y ejecutó sistemáticamente a los rehenes que salieron con vida del edificio. Sostienen que el coronel responde civilmente por las doctrinas de responsabilidad de mando y conspiración.
La abogada defensora Valerie Hassan contrapuso la frase que guió la estrategia de la defensa: “La tragedia es clara, pero la conexión no lo es”. Hassan argumentó que Plazas Vega únicamente dirigía la Escuela de Caballería, encargada de irrumpir con tanques en el edificio, mientras que el general Jesús Armando Arias Cabrales, comandante de la 13.ª Brigada, ostentaba el control general del operativo. Además, la defensa achacó los interrogatorios a unidades de inteligencia como el B-2 y el S-2, sobre las cuales Plazas Vega no ejercía autoridad.
Para reforzar esta versión, la defensa llevó al estrado a antiguos oficiales:
- El capitán retirado Orlando Galindo Cifuentes y el mayor retirado Abelardo Gómez respaldaron la estructura de mando y aseguraron que la Escuela de Caballería jamás realizó labores de inteligencia ni mantuvo detenidos.
- El capitán retirado Juan Manuel Guerrero relató cómo manejó el segundo vehículo blindado Cascavel que derribó las puertas del Palacio por orden radial de Plazas Vega, insistiendo en que sus soldados jamás tocaron a los rehenes.
Los testigos acusan a Plazas Vega y destapan la red de las caballerizas
Las demandantes concentraron sus esfuerzos en probar el traslado de los supervivientes hacia el museo de la Casa del Florero. El excomisionado de la Verdad Alejandro Valencia Villa explicó ante el jurado cómo la inteligencia militar rotuló bajo el eufemismo de “especiales” a los sospechosos de simpatizar con la guerrilla, trasladándolos a las caballerizas de la Escuela de Caballería en Cantón Norte para someterlos a interrogatorios.
Varios supervivientes confirmaron ese calvario directamente en el estrado:
- Orlando Arrechea Ocoro y Orlando Quijano relataron cómo los militares los retuvieron en la Casa del Florero, los tildaron de guerrilleros y los trasladaron a Cantón Norte para golpearlos y ahogarlos en agua. Quijano recordó el instante preciso en que se cruzó con Plazas Vega en las escaleras de la Casa del Florero mientras el coronel soltaba ante la televisión su famosa frase: “defendiendo la democracia, maestro”.
- Ricardo Gámez Mazuera, ex informante militar, aportó uno de los testimonios más contundentes al jurado. Afirmó que estuvo a un metro de Plazas Vega en la Casa del Florero y le escuchó dar una orden directa sobre un detenido: “Llévenselo, trabájenlo, me informan cada dos horas“.
- Periodistas y peritos forenses demuestran la salida con vida del magistrado
Para sustentar la demanda, las hijas de Urán debían demostrar que su padre sobrevivió al fuego cruzado inicial dentro del Palacio:
- Testigos presenciales: Los periodistas Julia Navarrete Mosquera y Rodrigo Barrera testificaron que reconocieron perfectamente al magistrado Urán cuando salía con vida y cojeando del Palacio, apoyado en personal militar.
- El mapa digital de Forensic Architecture: La investigadora Hannah Martin proyectó un modelo 3D y una línea de tiempo sincronizada elaborada por la agencia Forensic Architecture. Las imágenes y audios sincronizados demostraron cómo los militares escoltaron con vida al magistrado Urán y a varios empleados de la cafetería fuera del edificio, aunque horas después las autoridades hallaron sus cadáveres dentro de las ruinas calcinadas.

- El drama de las familias de la cafetería: María del Pilar Navarrete, Sandra Beltrán y Cecilia Guerra identificaron a sus esposos y hermanos en los videos de salida. Las tres mujeres denunciaron cómo las autoridades enterraron clandestinamente a sus familiares en las tumbas de varios magistrados, una trampa que las pruebas de ADN descubrieron décadas después.
- Los abogados desmontan a un testigo clave de la defensa: La defensa presentó la declaración grabada del exmagistrado auxiliar José Gabriel Salom Beltrán, quien afirmó que vio a Urán ensangrentado en el suelo dentro del Palacio y asumió que estaba muerto. Sin embargo, los abogados de las demandantes acorralaron al testigo al proyectar un video de 1986 en el que Salom declaraba enfáticamente ante las autoridades colombianas: “Carlos Horacio [Urán], no le vi, no le vi, no le vi”. Salom tuvo que admitir que recordaba mejor los hechos en 1986 que hoy.
Las hijas de Urán reviven el dolor y enfrentan el fantasma de la impunidad
La viuda Ana María Urán y sus tres hijas reconstruyeron el exilio que sufrieron tras recibir advertencias de que correrían “ríos de sangre” en su casa si no abandonaban Colombia. Recordaron el vuelco emocional de 2007, cuando la fiscalía halló la billetera y la cédula del magistrado dentro de una guarnición militar de la 13.ª Brigada.
Mairée Urán Bidegain recordó la histórica sentencia de 2014 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Rodríguez Vera et al. v. Colombia), en la que el tribunal internacional condenó al Estado colombiano por las desapariciones y la ejecución del magistrado Urán. Durante el contrainterrogatorio, la defensa marcó la diferencia señalando que el fallo internacional juzgó al Estado, mientras que este proceso en Miami evalúa la responsabilidad individual de Plazas Vega.
Al explicar por qué llevaron el caso ante la justicia estadounidense, Helena Urán Bidegain sentenció desde el estrado: “La democracia no se defiende con tanques“, enfatizando que su familia busca evitar que Estados Unidos sirva de refugio para responsables de crímenes de lesa humanidad.
El coronel Plazas Vega se defiende en el estrado
El propio demandado Luis Alfonso Plazas Vega declaró durante más de siete horas en la séptima jornada del juicio. El coronel repasó sus 36 años de carrera, recordó la absolución que le concedió la Corte Suprema de Colombia en 2015 y negó cualquier vínculo con los interrogatorios a civiles: “No se puede disparar al enemigo y pedir cédulas a la guerrilla al mismo tiempo”.

Plazas Vega tachó de “mentiroso compulsivo” al informante Gámez, negó conocer a los supervivientes Arrechea y Quijano, y sostuvo que las caballerizas de Cantón Norte servían únicamente para competencias ecuestres. Durante el agresivo contrainterrogatorio de los abogados de las demandantes, al verse confrontado con sus propios libros publicados y declaraciones pasadas en las que admitía autorizar salidas de rehenes, el exoficial repitió en múltiples ocasiones “no me acuerdo” o alegó errores en la traducción de sus palabras.
El desenlace: Le toca al jurado evaluar lo ocurrido
Con la etapa probatoria cerrada, los abogados de las hermanas Urán y la defensa pronuncian hoy sus alegatos finales. Tras escuchar las intervenciones, el jurado estadounidense se retirará a deliberar si el coronel Plazas Vega resulta civilmente responsable por la tortura y ejecución del magistrado Carlos Horacio Urán Rojas.





























