This story was originally published in the Miami Herald in partnership with the Lee Caplin School of Journalism & Media. To read this story in English, click here!
A los 17 años, Brittany Calispa era una adolescente sana y deportista. Ella jugaba al fútbol y se preparaba para graduarse de su último año de secundaria en Ecuador. Nunca imaginó que sus riñones le estaban fallando silenciosamente.
Todo empezó con algo que parecía inofensivo: un orzuelo en uno de sus ojos, que no se curaba. Los médicos en Ecuador le recetaron medicamentos y le aseguraron que mejoraría. Pero al tercer día de tomar antibióticos, Brittany comenzó a tener náuseas y no podía respirar bien. Su madre la llevó de urgencias al hospital, donde los exámenes revelaron que necesitaba diálisis de emergencia.
“Hubo una noche en la que no pude dormir porque sentía que me ahogaba. Cuando estaba acostada me faltaba el aire y me dolía mucho la espalda.”, recordó Brittany.
Allí descubrieron la verdadera causa: Brittany necesitaba diálisis porque sus riñones habían colapsado.

Los médicos recomendaron trasladarla a un hospital de tercer nivel para iniciar su tratamiento de diálisis. Al llegar al Hospital del Seguro Social IESS (Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social), la joven pasó 15 días en terapia intensiva, entubada y sometida a diálisis tres veces al día. Aun así, no mostraba mejoría. Finalmente, el equipo médico le informó a la familia que no podían seguir realizando más diálisis porque debían priorizar a pacientes con mayores posibilidades de recuperación y que la joven ya no tenía posibilidades de sobrevivencia.
Es ahí cuando el tío de la madre de Brittany, les sugirió que buscaran otras alternativas: que se vinieran a Estados Unidos. Los padres de la joven vendieron lo poco que tenían en Ecuador.
Es así como un 15 de noviembre del 2023, Brittany junto a su familia llegaron a Hollywood, Florida. Apenas aterrizaron y la llevaron de inmediato al Joe DiMaggio Children’s Hospital.
A su ingreso, los médicos realizaron exámenes de sangre y radiografías. Ellos descubrieron que los riñones de la joven eran hipoplásicos ya que no habían crecido al ritmo de su cuerpo y no se explicaban cómo ella había sobrevivido 17 años de su vida con unos riñones tan pequeños.
“De pequeña nunca me dijeron que tenía problemas con los riñones. Siempre me dijeron que era asma, crecí pensando que ese era mi único diagnóstico, porque a veces no podía respirar bien. Nunca tuve infecciones urinarias ni inflamaciones, nada que llamara la atención. Por eso nadie imaginó que tenía un problema renal”, contó Brittany.

En el hospital, los especialistas le colocaron un nuevo catéter para iniciar su tratamiento y lograr estabilizarla. Sin embargo, la única solución definitiva era un trasplante de riñón. Los médicos discutieron dos opciones: un riñón de donante cadavérico o uno de donante vivo. La primera opción era riesgosa, la segunda ofrecía mejores garantías.
Los padres y los hermanos de Brittany se ofrecieron como posibles donantes. Las pruebas de compatibilidad revelaron que la madre de Brittany y su hermano menor, Kevin, eran los candidatos más adecuados. Fue entonces cuando Kevin con solo 19 años, tomó una decisión que cambiaría sus vidas: ser él quien donaría su riñón para salvar a su hermana.

La familia tuvo que comprar dos seguros médicos para cubrir la cirugía de ambos hijos. A pesar de la incertidumbre económica y emocional, siguieron adelante.
“Es duro tener que arriesgar a un hijo por otro porque uno no sabe qué puede pasar, pero gracias a Dios ambos están bien”, dijo Reyna Espinoza, madre de Brittany y Kevin.

Finalmente la operación se realizó el 28 de abril del 2025, la cirugía fue un éxito y ambos hermanos pasaron meses en recuperación, aislados para evitar infecciones.

Hoy siete meses después, Brittany ya no necesita mas diálisis, asiste a controles médicos regulares como parte del protocolo para pacientes trasplantados y poco a poco ha retomado actividades que dejó en pausa durante su enfermedad.

Una de las personas que más la marcó durante su tratamiento fue Alexa, una enfermera a la que Brittany apodó “Barbie”, por ser alta y rubia.
“Me inspiré a ser enfermera por Alexa ya que siempre estaba pendiente de mi y su dedicación me hizo pensar: yo también quiero ayudar así algún día”, contó Brittany.

Actualmente, Brittany toma clases de inglés en el programa de ESOL del Sheridan Technical College. Una vez que complete todos los niveles del idioma, por fin podrá inscribirse en los cursos correspondientes de College y así poder llegar a la meta de estudiar enfermería, el futuro que ella sueña.

(Courtesy of the family)
Sin embargo la vida de la familia Calispa sigue siendo un desafío ya que para salvar a la joven tuvieron que empezar desde cero en un nuevo país. Aún enfrentan barreras migratorias como el idioma y buscar las becas para Brittany. Su familia hace todo lo posible para sostenerse con permisos de trabajo.
La trabajadora social del Hospital Memorial Pembroke fue quien nominó a Brittany.
“La historia de Brittany es un testimonio de resiliencia, de la fuerza de la familia y del impacto transformador de la donación de órganos en vida. El amor y el apoyo de su familia fueron esenciales en todo su proceso y el acto desinteresado de su hermano al donarle un riñón realmente le cambió la vida”, dijo Adilia Ortega, trabajadora social del programa de trasplante de órganos .
Brittany espera que Wishbook le ayude con donaciones monetarias para poder estudiar su carrera de enfermería además una laptop para hacer sus tareas, de preferencia una MacBook.






























